Seis claves actitudinales para ser felices en el trabajo

July 3, 2017

Quien labora en jornada completa está más tiempo despierto en su trabajo que en su casa. ¡Ser felices en el trabajo es un aspecto fundamental de ser felices en la vida! Sin embargo, muchos conciben el trabajo como algo malo, desagradable o, al menos, como una obligación. Afortunadamente, existen ciertas claves para revertir esta situación.

 

1) Trabajar no por obligación, sino por decisión

 

Usualmente, las emociones asociadas al concepto de obligación (hacer las cosas en contra de nuestra voluntad) son desagradables: frustración, rabia, tedio, pena, angustia… En cambio, las emociones asociadas a hacer las cosas por decisión (por voluntad propia: porque queremos) son agradables o positivas: alegría, ganas, entusiasmo, gozo, orgullo, amor… Las actividades no son en sí mismas una obligación o una decisión. Todo está en la actitud (disposición interior) con que abordamos esa actividad. Si la efectuamos por obligación (porque “tengo que”) experimentamos emociones desagradables, mientras que, por decisión (porque “quiero”), sentimos emociones agradables. Esta frase facilita recordar la técnica de la decisión: “Un trabajo consentido es un trabajo con sentido”.

 

2) Encontrar las propias fortalezas y talentos y trabajar según ellos

 

 

No es lo mismo dedicarse a aquello para lo que sí somos efectivos que a labores para las cuales no lo somos. Este principio tan evidente queda escondido en un sistema socioeconómico y laboral de tantas presiones: la del éxito económico, la del estatus, la de los trabajos supuestamente mejores... Para soportar estas presiones se requiere proactividad, que incluye la valentía de preguntarnos, desde nuestro ser más profundo: ¿es esto para lo que soy realmente capaz? No queremos desmerecer la vía de desarrollar fortalezas nuevas o de aprender a hacer algo en lo que somos inicialmente ignorantes o inhábiles, sino recalcar esto: es más útil para una vida laboral feliz partir de la base de los talentos que forman parte esencial de nuestro ser. Probablemente nuestro futuro laboral tendrá así mejores cimientos. Tal alguien se pregunte: “¿Pero qué hago si yo no he encontrado un trabajo donde se apliquen mis reales fortalezas y talentos?”. Nuestra respuesta es: aprovechar esa excelente escuela para aprender a aplicar las actitudes para la calidad de vida: autoestima, observación-aprendizaje, autocrítica, perseverancia, paciencia, creatividad, adaptación, actitud positiva y resiliencia. Puede haber mucha felicidad en agradecer ese aprendizaje. Además, si las sabemos vivir, justamente las experiencias fuertes nos hacen más fuertes.

 

3) Trabajar por vocación

 

El análisis de los talentos es racional. El análisis de nuestra vocación es emocional o espiritual. Aquello por lo que realmente nos movemos los seres humanos en la vida es la pasión, que nos permite vivir entusiasmados con lo que hacemos. Entusiasmo significa etimológicamente “en dios”, “rapto divino” o “poseído por la divinidad”. Y esa pasión divina, en el caso del trabajo, se llama “vocación”. ¿Qué es aquello que remece mi ser interior, que me hace sentir fascinación? Preguntas como estas podrían darnos la respuesta. Y, si no, no importa: ¡permitámonos equivocarnos! Algunos demoran años en hallar su verdadera vocación. ¿Qué tiene de malo? Toda experiencia nos servirá para aprender y para encontrarnos más con nosotros mismos.

4) Disfrutar lo que hacemos: pensar positivo y hallar el lado amable

 

 Se le atribuye esta definición a Jean Paul Sartre: “Felicidad no es hacer lo que nos gusta, sino que nos guste lo que hacemos”. Y esta otra, muy parecida, a León Tolstoi: “Felicidad no es tener lo que uno quiere, sino querer lo que uno tiene”.

Aplicadas al mundo del trabajo,  diremos: “La felicidad en el trabajo se logra cuando aprendemos a que nos guste lo que hacemos”. El gusto es algo aprendido y subjetivo: depende de nuestras actitudes y no de las circunstancias. ¿Cuántos de nosotros disfrutábamos algo que luego dejamos de disfrutar, o bien nos pasó lo contrario? Depende de nuestra actitud buscarle el lado amable a las actividades.

 

Hay otra manera de ser feliz: hacer lo que nos gusta o tener lo que uno quiere. Tal vez la lógica básica nos dice que esa forma es la ideal. Sin embargo, tiene aun más sentido la manera de Sartre y la de Tolstoi. La vida es mucho más justa de lo que parece: cuando aprendemos a disfrutar lo que tenemos o lo que hacemos, la vida nos premia dándonos algo que nos guste más. Pero, si vivimos despotricando por cuestiones que otros valoran, la vida piensa: “¿Para qué le voy a mandar bendiciones a quien no agradece todas las que ya le he enviado, como tener un trabajo?”. Aprender a que nos guste lo que hacemos es el camino para hacer lo que nos gusta. ¡Creemos círculos virtuosos!

 

5) Buscar un sentido aun más trascendente en las tareas realizadas

 

Un supervisor de construcción fue recorriendo la obra. Tres obreros se hallaban realizando aparentemente la misma labor. Sin embargo, al preguntarles qué estaban haciendo, las respuestas fueron muy distintas. Uno, con gesto amargado, dijo: “Estoy poniendo ladrillos”. Otro, más motivado: “Estoy levantando un muro”. Y el tercero, lleno de gozo: “¡Estoy construyendo una catedral!”. Esta historia ilustra la importancia de encontrar lo que se llama “sentido de trascendencia” a lo que estamos haciendo: ver lo que no es visible ante los ojos. Probablemente todos tengamos nuestras “actividades-ladrillo”, aquellas que nos molestan o que detestamos hacer. Detengámonos a pensar cuál es el muro asociado a ellas: a qué objetivo inmediato contribuyen. Luego hallemos la catedral: ese sentido de trascendencia o de misión. Existen personas cuyo trabajo aparente es retirar la basura o limpiar los baños, pero que son felices porque desempeñan su labor llenos de sonrisas y con sentido de trascendencia.

 

6) Aprender a automotivarse

 

Muchas personas esperan que las motiven cosas externas, como el sueldo, las perspectivas futuras o el ambiente laboral. Después de haber abordado por años y con miles de trabajadores el tema de la motivación, he llegado a la conclusión de que nos sirve de muy poco esperar que sean las cosas las que “nos” motiven. Desde la perspectiva proactiva, no son las circunstancias las que nos motivan, sino que somos nosotros quienes podemos motivarnos (o no) a partir de las circunstancias que nos toca vivir. A iguales circunstancias, unos se motivan y otros nos. Desde la proactividad, toda motivación es, a fin de cuentas, intrínseca, no extrínseca, porque, para que algo nos mueva, la decisión es interior: no es que algo nos mueva, sino que nosotros decidimos movemos por algo. Y la automotivación es la capacidad de buscar uno mismo esos motivos para la acción, sin esperar que el entorno nos ofrezca algunos.

 

En resumen, el trabajo, en sí mismo, es simplemente trabajo. Tal como la vida es, sencillamente, la vida. ¿Pero para qué vivir y trabajar sufriendo si podemos aprender a hacerlo desde el gozo?

 

 

Nota 1:

Este artículo fue publicado originalmente en "Revista Bienestar y Salud" en mayo de 2014 sin la palabra "actitudinales" en el título. Ahora se la incluye para permanecer abiertos a otras perspectivas para bordar el tema.

 

 

Nota 2:

Este material se puede reproducir, de manera parcial o total,

online o en forma impresa, citando completa la fuente:

Daniel Seisdedos Reyes, El Felicodólogo ®

www.profelicidad.com

contacto@profelicidad.com

Peñalolén, Santiago de Chile

56 228914706

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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